lunes, 29 de junio de 2009

Es el campo, estúpido

Por Horacio Verbitsky

El bloque agrario parecía haber conseguido en las elecciones de ayer una victoria de alcance nacional, que implicaría una regresión profunda en el panorama político del país. El condicional depende de la estrechez de los márgenes en algunas provincias clave, como Buenos Aires y Santa Fe, cuya heterogeneidad social y política impide sacar conclusiones definitivas si la carga de datos no es representativa de sus distintas regiones. En casos similares varias veces los números de la noche cambiaron al alba. En esas dos provincias se define el liderazgo futuro del justicialismo gobernante. Es obvio que de los datos finales que obtengan Reutemann y Kirchner dependerán los alineamientos futuros de ese partido.

Pero con independencia de ese balance, que el lector ya conoce pero que era incógnita al escribirse esta columna, los datos parciales del escrutinio provisorio a la hora de cierre muestran el fracaso oficial y sobre todo el éxito del bloque agrario para convertir sus intereses en el sentido común de la sociedad. El rasgo más notable es el rechazo al gobierno nacional, continuación de la escalada que comenzó con el conflicto planteado por las cámaras patronales del campo en marzo del año pasado. Con algo más de la mitad de los votos escrutados, el ex presidente Néstor Kirchner estaba 2,4 puntos detrás en la provincia de Buenos Aires, aunque faltaban datos de municipios del conurbano que tal vez podían revertir ese desequilibrio, aunque también los de La Plata, que se presumían adversos. Pero ya no había dudas de que habían perdido los candidatos oficiales en un distrito tan significativo como Santa Cruz, la provincia de Kirchner. A esto se suma la paridad en Entre Ríos, la reducción de los márgenes de ventaja en varias provincias y los buenos desempeños de los líderes que desde distintas fuerzas políticas, de derecha a izquierda, enfrentaron con mayor decisión al gobierno de la presidente CFK en la batalla de las retenciones: Francisco De Narváez y Felipe Solá (apoyados por el sindicalista de los peones rurales Gerónimo Venegas) en la provincia de Buenos Aires, Julio Cobos en Mendoza, Luis Juez en Córdoba, Fernando Solanas en la Capital. Al cierre de esta edición no era claro el de-senlace de Santa Fe entre Carlos Reutemann y Rubén Giustiniani, ya que las cifras de la capital y del interior provincial daban ventaja a Reutemann, pero a medida que se iban contando los votos de Rosario esa diferencia se reducía a un punto y el Frente Progresista, que se iba imponiendo en diputados, tenía datos propios que lo daban ganador también para el Senado. En todo caso, tanto uno como otro militaron a favor de las cámaras agropecuarias y en contra del gobierno nacional.

Los hechos objetivos de la economía dicen que con los costos y los precios actuales de los principales cultivos del país, los pequeños productores de hasta 300 toneladas anuales tendrían una situación mucho más conveniente si la resolución 125 y sus modificatorias hubieran sido aprobadas por el Senado. Los márgenes brutos promedio son superiores este año a los del último quinquenio. Pero esta es la mejor medida del fiasco oficial en esta lucha, que para la Sociedad Rural y sus aliados no es por un punto más o menos de rentabilidad sino por la imposición de una hegemonía, que implica un proyecto que va mucho más allá de una u otra medida económica. Esa ofensiva se reforzará a partir de hoy. La debilidad del Gobierno se acentuará después del escrutinio, por los previsibles corrimientos de propios y ajenos, tanto en la dirigencia política como en las cámaras patronales y las grandes corporaciones. Las bancadas oficiales en ambas Cámaras del Congreso se han encogido en forma significativa, así como han crecido las del Acuerdo Cívico y Social, que abrió sus filas a los candidatos de las cámaras patronales agropecuarias. Nadie percibió antes que Elisa Carrió la importancia de ese bloque, al que se plegó aun antes del último conflicto. Ayer obtuvieron una docena de bancas agropecuarias.

El justicialismo comienza la búsqueda de un nuevo liderazgo, para el que ayer se ofreció también Maurizio Macri y del que tampoco se debería descartar a Daniel Scioli. El Grupo Clarín se propone sepultar el anteproyecto de ley de servicios audiovisuales. La Unión Industrial, que habla por Techint, entiende que una megadevaluación es la mejor prenda de unidad con la oligarquía agropecuaria, a expensas del salario de los trabajadores, que son los grandes derrotados de ayer. Tantos intereses y tan poderosos fueron demasiado para un gobierno que no supo organizar una fuerza política que respaldara las audaces medidas que adoptó para invertir una tendencia de tres décadas, que degradó a la sociedad. Tal vez eso ayude a entender cómo el voto popular pudo favorecer en porcentajes significativos a un candidato como De Narváez, de quien lo poco que se conoce es inquietante. Sólo la aversión irracional al Gobierno explica que los votantes hayan decidido ignorar la misteriosa trama de intereses que sostienen al hombre que ni siquiera se preocupó por negar las cuatro llamadas desde uno de sus celulares a un detenido al que la prensa bautizó como El Rey de la efedrina

martes, 5 de mayo de 2009

Marxista Bujarinista

"Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!."

"Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara.


Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio."


"Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo"


"Detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella está su esposa."


"Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien".


"El matrimonio es la principal causa del divorcio"


"El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución."


"Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros."


"Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!"


"He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso."


"He pasado una noche estupenda... pero no ha sido ésta."


"La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música"


"La próxima vez que lo vea, recuérdeme no saludarlo."


"No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual."


"Nunca olvido una cara, pero en su caso estaré encantado de hacer una excepción".


"Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína."


"¿Pagar la cuenta? Que costumbre tan absurda."


"Pienso que todo el mundo debería creer en algo. Yo creo que voy a seguir bebiendo."


"¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?"


"Recuerde, señor, que estamos luchando por el honor de esta mujer, probablemente mucho más de lo que ella nunca hizo por sí misma".


"Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho."


"Siempre me casó un juez: debí haber exigido un jurado."


"Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él... ¿Que por qué? Porque si estuviera vivo tendría 140 años."

miércoles, 8 de abril de 2009

De Dantones Y FAA

"Me cuesta entender una revolución social encabezada por los inversores en dólares. Pido permiso para sentir más simpatía por los que ni cacerolas tienen"

miércoles, 25 de marzo de 2009

No todos piensan eso

La polémica fue abierta el 27 de febrero, el día en que fue asesinado el florista Gustavo Lanzavecchia, colaborador y amigo personal de la actriz y conductora de TV Susana Giménez. Con los ojos llorosos y a los gritos, la diva se puso el traje que alguna vez lució Juan Carlos Blumberg. “El que mata tiene que morir, no me importa si esto afecta mi imagen”, dijo Susana con voz firme. Fue justamente la imagen, y sobre todo sus palabras, las que recorrieron el país. “Basta de derechos humanos para los delincuentes. ¿No hay derechos humanos para las víctimas?”, bramó la estrella de la TV y pronto la siguieron manifestaciones similares, en boca de Sandro, Cacho Castaña y otras figuras mediáticas. Después vinieron algunas desmentidas y aclaraciones, pero la cuestión quedó instalada y el programa Intrusos en el espectáculo, que conduce Jorge Rial, sin abandonar el chisme barato, se convirtió en un “foro” donde se discutían temas como la seguridad y los cambios que debían hacerse en materia de legislación penal.

Un día después de sus primeras expresiones, durante una visita a la provincia de San Juan, Susana Giménez aclaró que sus palabras “el que mata tiene que morir” habían surgido en un momento en que estaba “re-caliente y dolida” por el asesinato de su amigo. De todos modos, como si fueran los responsables de la violencia, volvió a cargar contra los que defienden los derechos humanos. “Todo el mundo sabe dónde se vende la droga que enloquece a los chicos de las villas, y ahí tendrían que ir los de los derechos humanos a meterse, porque están matando a toda una generación.” Lo dijo como si los organismos de DD.HH. tuvieran poder de policía y como si no existiera la policía.

Los dichos de Susana fueron avalados por muchas personas anónimas, y por algunos famosos, como Roberto Sánchez, el popular Sandro, que primero pareció apoyar a la diva de la tele y luego aclaró, en comunicación telefónica con Telenueve, que entendía el dolor de Susana, pero que él no quiere la pena de muerte. Se quejó, eso sí, porque “no puede ser que los criminales estén sueltos y nosotros tras las rejas”. Después, Cacho Castaña dijo ante los medios que “el violador merece la pena de muerte”. Hasta Guillermo Coppola, el ex manager y ex amigo de Diego Maradona, al sufrir el asesinato de un conocido, su personal trainer Hernán Landolina, tuvo su intervención en el tema.

En ese caso, la que reflotó la pena capital fue la suegra de Landolina: “Nadie está haciendo nada. No podemos salir a la calle. Hay que hacer como dijo Susana Giménez, matarlos”. Más reflexivos, artistas como León Gieco, Susana Rinaldi, Roberto Carnaghi, Soledad Silveyra, Jorge Marrale, Pepe Soriano, Hugo Arana, Alejandro Dolina, Mex Urtizberea y Miguel Cantilo, o periodistas como María Laura Santillán, Nelson Castro, Alejandro Dolina, Adrián Paenza y Guillermo Andino opinaron sobre el tema, consultados por Página/12.



- León Gieco (músico): “Tengo la impresión de que ni Susana Giménez ni ninguno de los que han salido a hablar ‘a favor’ de este tipo de castigos sabe qué son. En el fondo, hablan desde el deseo de tomar justicia por mano propia. El inconveniente es que si entrás en el “ojo por ojo”, te ponés a la altura de los asesinos. Y todo esto se produce de cara a un sistema judicial embrollado: hecha la ley, se preparan las trampas. Cómo será de laberíntica la pirámide legal argentina que hace décadas que se intenta castigar a los militares genocidas y todavía están los que se las ingenian para zafar. Toda esta situación genera ansiedad: dejarse llevar por esa locura es convertirse en poco menos que un inquisidor. La respuesta real tiene que venir por el lado de la educación, la salud y el trabajo. Referirse a la pena de muerte con tanta insistencia es un distractor que señala la presencia de dos cosas concretas: mucha pena y mucha muerte. Por otro lado, si le damos tanta manija a esa clase de declaraciones, estamos en problemas. Esta semana, Susana dijo que había que mandar a los chicos a la colimba para que no entren en el paco y no estén en la calle ¡Como si el Ejército fuera una familia, o un centro de atención al adicto!”


- Adrián Paenza (matemático, escritor, periodista): “Como sociedad, intentar a volver a la época del ‘ojo por ojo y diente por diente’ es un paso hacia atrás. Tanto, que cada paso dado es un siglo de retroceso. No me molesta que se discuta el tema; hay que ofrecer el debate si es necesario. Pero creo que necesitamos darnos la Justicia que corresponde. Yo tengo una posición formada en contra de la pena de muerte. El castigo debe ser dado por los carriles de la Justicia y no quitando la vida. Sé que cuando alguien sufre una pérdida de un ser querido o es víctima de un hecho violento, la reacción primaria que surge es la de tomar venganza. Sin embargo, justamente nos diferenciamos de los animales porque somos racionales. El raciocinio es garante de la conservación de la vida social de los seres humanos. Así como hay una marcha de la pena de muerte, yo iniciaría una marcha silenciosa a favor de la Justicia”.


- Roberto Carnaghi (actor): “Me asaltaron hace quince días, pero no quiero entrar en rencillas ni opinar si Susana Giménez tiene razón o no. Propongo cambiar el eje. Básicamente, considero que no tiene ningún sentido seguir discutiendo sobre la pena de muerte. La inseguridad es un problema que se viene gestando desde hace mucho tiempo y todos somos en alguna medida responsables. No se va a acabar con más policía, ni con más violencia (de paso me pregunto: ¿por qué no se pidió la pena de muerte para los torturadores de la dictadura?). En síntesis: acá hay un problema de pobreza, de educación y de un modelo de país que no terminamos de definir. Mientras no logremos integrar esos ejes sin mediación de las balas, el clima de conflicto seguirá. La vida tiene que ver con un proyecto, y tenemos que ofrecer proyectos a aquellos pibes que no los tienen. De lo contrario, no habrá solución, por más que pongan a un policía por persona”.


- Guillermo Andino (periodista): “Habría que empezar reconociendo que los problemas tienen antecedentes. En los ’90, la Argentina cayó en un pozo. Hoy tenemos dos o tres generaciones que no sólo no conocen lo que es trabajar, sino que no saben lo que significa que un padre trabaje. Ahí entra a calar la marginalidad, la idea de que la vida vale poco. En consecuencia, enfrentamos este ambiente tenso. En el contexto en que vivimos, hay que considerar que la mayoría de las personas tiene una primera reacción ante lo que le sucede, y otra que se da cuando pasan unos días y se ha tenido tiempo de pensar mejor. Lo aclaro porque a mí me pusieron un revólver en la cabeza el otro día a la salida del canal, y obviamente me enojé mucho. Entonces hay que considerar esos dos momentos, porque opino que muchos de los que salen a hablar ‘en caliente’, transcurrido un lapso no pueden continuar sosteniendo su opinión con herramientas racionales. Eso sin tener en cuenta que las estadísticas demuestran que ese tipo de medidas extremas no tiene incidencia en las tasas delictuales. Evidentemente, estamos frente a una encrucijada que es real y que no se va a ir porque matemos. La única forma de que un delincuente tome conciencia del mal que hizo es la prisión efectiva que a la vez lo prepare para una nueva oportunidad. Sólo avanzaremos en este punto en la medida en que surjan planes amplios capaces de prolongarse en más allá de los gobiernos de turno”.


- Pepe Soriano (actor): “No quisiera que esto sea considerado una opinión en favor o en contra de lo que se ha andado diciendo en todas partes. No quiero entrar en eso. Aclaro, de todos modos, que he sufrido cuatro asaltos y estoy en contra de la pena de muerte. Por lo demás, todo esto tiene cierto tufillo a malestar político y a modos de discutir en los que primero se descalifica y después se debate. En esas idas y vueltas, el ciudadano común no hace pie, queda aislado entre informaciones contradictorias que no puede digerir. Porque ahora resulta que todos son opinólogos sobre un terreno muy sensible que no se puede analizar superficialmente. En consecuencia, es preciso reflexionar profundamente y elegir a quién se escucha y sobre qué hablar. Respecto de los que han salido a expresarse públicamente, tendríamos que leer la vida de las personas en un sentido amplio, y no a fuerza de exabruptos. Bajemos los decibeles de la crispación, y dediquémonos a usar la cabeza, porque si todos nos perdemos en el griterío es más fácil que nos distraigan de los problemas fundamentales del país” .


- Miguel Cantilo (músico): “La pena de muerte es una cosa superada por la civilización. Está confinada a sociedades que sufren un desfase. Lo que está ocurriendo acá es que hay un brote psicótico de viejas gordas. En realidad, si fuera sólo eso no habría mayor inconveniente. Ahora bien: la macana es que los medios se apropian de esos discursos y los usan en la puja electoral. Y las gordas siguen chillando igual o peor, demostrando que aunque estén maquilladas y se hagan cirugías, con la mentalidad no se puede hacer lifting. Así que lo más preocupante no son ellas en sí, sino esta operación que hace la prensa. Yo entiendo a los que sufrieron la pérdida de un pariente, lo que me parece delirante es que se monten sobre eso, que los usen y que encima usen ciertos arranques de bronca de las celebridades y las apuntalen como bandera de movilización. Es penoso que las arengas de una conductora de tele sean utilizadas para llevar adelante una lucha de poder”.


- Alejandro Dolina (escritor, músico, conductor): “No quiero entrar en discusiones viejas, y la de la pena de muerte ciertamente lo es. Tampoco quisiera agredir ni tirar ideas alrededor de un asunto que ha sido examinado con mucha profundidad por individuos más capacitados que yo. Aclarado esto, sólo me atrevo a sugerir que debatir esto es como discutir la esclavitud. Hay –y esto es lo más grave– un resurgimiento de ideologías que parecían superadas, y que persisten en sectores privilegiados. Son personas que están aisladas de la realidad social y se resisten a comprender que hay temas que han sido pensados antes. Exhiben una especie de ingenuidad moral, que los impulsa a expresar lo primero que se les ocurre bajo la forma de un slogan del tipo ‘el que mata tiene que morir’ o ‘la pena de muerte ya la instauraron los ladrones’. Esto coincide con un renacer de las derechas y de formas violentas de concebir la sociedad, que llegan acompañadas por modos curiosamente liberales de entender a la economía: por un lado se reclama libertad para enriquecerse sin límites, y por otro se pide mano dura ante los resultados de una sociedad perturbada. Las grandes desigualdades son saludadas con alegría, hasta que molestan. Es ilógico”.


- María Laura Santillán (periodista): “Estamos ante uno de esos temas que ya no se discuten en el mundo. Aquellos Estados que aplican la pena capital no tienen menos delitos. No es que lo opine solamente yo: esto ha sido investigado y puede consultarse en la bibliografía específica. Es una cuestión objetiva, y negarla es como querer seguir usando una vacuna que ya se ha comprobado que es inútil. Mejor haríamos en estudiar qué han hecho las sociedades en las que el delito registra mejores índices. No soy socióloga ni psicóloga, pero me parece que con estas premisas, una aproximación racional debería generar conclusiones más o menos claras”.


- Jorge Marrale (actor): “Hay factores mediáticos que hacen que algunas voces lleguen más rápido que otras. Pero de ninguna manera creo que esas voces representen a la comunidad artística. Con la pena de muerte no hay polémica: se trata de una postura frente a la vida. Uno puede entender las reacciones primarias, pero la verdad es que a la civilización le llevó mucho tiempo terminar con la ley de la selva. Quienes piensan en atacar la consecuencia, los casos policiales, y no hacen foco en el origen, en las causas de esos hechos, confunden el debate. Por supuesto que nos duele el nivel de violencia. Hay que analizar cómo se construyó este país en los últimos 25 años para comprender cómo se llegó a este estado de cosas. La solución no es ‘muerto el perro, muerta la rabia’: tenemos que ponernos a trabajar en acortar la brecha social y económica, en ser mejores personas, para vivir en otras condiciones. Propongo que hablemos menos y hagamos más. No sirve ir a una plaza, o pedir leyes duras, si con eso expiamos culpas y en nuestra vida cotidiana seguimos siendo unos cretinos”.

- Mex Urtizberea (músico, actor, conductor): “Esto de pedir que se aniquilen vidas humanas no tiene que ver con todos los argentinos: es un pedido que parte, básicamente, de la clase media. Es una porción de la sociedad que siempre va a querer proteger a cualquier precio la condición económica que le ha costado tanto conseguir. Y la lectura que hacen hoy coincide con la que hicieron durante la Libertadora y en la última dictadura. Piensan: ‘Es mejor que maten al que pueda sacarme mis cosas’. Esas ‘cosas’ suelen ser objetos, propiedades. Como tienen poder y capacidad de influir en las leyes, frecuentemente logran que sus inquietudes sean atendidas. Pero ¿cómo vas a castigar a un ser humano con algo que no conocés? No sabemos nada sobre la muerte, ¿cómo podríamos usarla como medida para castigar? Es de una ignorancia total. La clase media cambia de bando continuamente, de acuerdo con su conveniencia. Para comprobarlo basta revisar lo que repetían hace ocho o nueve años y lo que sostienen hoy”.

- Nelson Castro (periodista): “Estoy en contra de la pena de muerte por múltiples motivos. En principio, soy cristiano católico, por lo que estoy comprometido con la vida. En términos políticos, creo que se trata de la antítesis de lo que podríamos esperar de un Estado serio. Y desde un punto de vista práctico, está demostrado que no soluciona nada. Allí donde ha disminuido el delito, es porque se han emprendido acciones en otra dirección. Además, si uno se toma el trabajo de revisar a quiénes condenan a la pena capital en Estados Unidos –por citar un ejemplo–, comprueba que las minorías llevan la peor parte. De acuerdo con los registros, latinos y negros son ejecutados con más frecuencia que los blancos. En definitiva, es urgente adoptar una concepción amplia y diferente respecto de la inseguridad. Nada se soluciona con más cárceles como las que tenemos, ni con agresiones. Lo que pasa es que no hay eje, no hay planes orgánicos ni planteos que se sostengan más allá de las administraciones de turno, con lo cual perdemos la posibilidad de leer la situación en su totalidad. Por lo tanto, existe una gran cantidad de gente que se suma a ciertos discursos simplemente porque no tiene otros marcos de referencia para evaluar lo que pasa. Hay que combatir el delito sabiendo que una vez que tuviste que aplicar la ley es porque llegaste tarde: hubo condiciones para ese ilícito que hay que evaluar, diferenciando el que fue producto de la marginalidad del que tiene que ver con el crimen organizado”.

- Soledad Silveyra (actriz): “Antes que nada: no soy socióloga, simplemente tengo mi perspectiva como actriz popular. Siento que tendríamos que parar la pelota. Desde el caso del ingeniero Santos que venimos discutiendo si una vida humana es más importante que un pasacasete. Mientras, hay una mayoría que está en contra de estas soluciones violentas. Es llamativo que los planteos más desatinados se promocionen periódicamente, casi siempre en época de elecciones o de cambios. Habría que ponerle la tapa a eso, organizar un intercambio de ideas que nos haga pasar a otra etapa. Hay que volverse menos loco y poner más comprensión. Pensar por qué sucede lo que sucede. Sin desmerecer a nadie, sé que la mayoría de los colegas con los que intercambio opiniones están a favor de esto”.

- Hugo Arana (actor): “Yo quisiera ver por las calles más marchas por la seguridad del trabajo, por la seguridad del acceso a la salud de millones de personas, también por la seguridad de una educación. Quiero ver a miles en las calles reclamando por la seguridad de los niños que se están muriendo de hambre. De verdad, me encantaría ver esas marchas. Porque ésa es la profunda inseguridad que hoy sufrimos. Por supuesto, esto no anula lo terrible de los últimos hechos que nos conmueven. Es aberrante que a alguien lo vayan a asaltar, que lo maten impunemente. Lo que quiero decir es que con este tema, tal como está planteado hoy, estamos atacando al forúnculo. Y no podemos ver que si hay forúnculo, está denunciando que el organismo tiene problemas. Aparte me parece cruel planificar la muerte de alguien, y que estemos hablando de esa posibilidad. No vengan con que la ‘colonia artística’ defiende la pena de muerte: ‘arte’ es una palabra tan profunda, tan bella, que me niego a adherir al concepto de ‘colonia artística’ en ese sentido”.

- Susana Rinaldi (cantante): “Quienes tienen una formación violenta proclaman la violencia como un recurso válido. Mi generación ha tenido que hacer mucho para convencerse de que los resultados más óptimos se consiguen con la no violencia. Yo sigo apostando a eso. En cuanto a la violencia en el país –y no solamente en el país–, sabemos que es desatada por cuestiones que tienen que ver con lo económico, lo político, lo social; y que determinan condiciones que desatan la inseguridad. En todo caso, invito a hacer el ejercicio de mirarnos a nosotros mismos: ¿cuánto hacemos diariamente, cada uno de nosotros, aparentemente no violentos, para contribuir a la no violencia, o a la ‘seguridad’? Yo lamento que se haya exaltado y sobredimensionado a ciertos personajes de los medios como factótum de opinión. Desde luego, no me siento representada por ellos, aunque unos y otros nos presentemos como artistas. Yo creía que el debate sobre la pena de muerte era algo perimido en la cabeza de la gente que piensa. Y sigo creyendo en una sociedad menos infantil que la que compra este tipo de discursos”.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-121938-2009-03-22.html

viernes, 20 de marzo de 2009

No Fumar (Noticias 2006)

El caprichito de los fumadores

Algo salió a la luz de una manera clarísima e inesperada, con la nueva, sensacional, necesaria, justiciera Ley del Tabaco: la anulación mental a la que puede llegar una persona defendiendo un síntoma. Porque para muchos la reciente restricción sobre sus costumbres se ha transformado en una restricción de su capacidad de entendimiento. ¿Parece una exageración? Deja de parecerlo en cuanto recordamos la reacción de los fumadores ante la mencionada ley: se ha dicho, por ejemplo, que esta Ley está en contra de los derechos del fumador (lo cual es falso), que es fascista (¡epa!), que el Estado no debe meterse en las decisiones del individuo (es verdad, ni el fumador en las mías), que se viola con ella el ámbito privado (todo lo contrario, se cuida el espacio público), que hay cosas más importantes (como si alguien hubiera dicho lo contrario), que esto se hace para ocultar el problema de la droga (el tabaco es la droga globalmente más dañina), y mil etcéteras más, uno más absurdo y peor fundamentado que el otro. Esta Ley –no pueden, o no quieren, entenderlo- establece simplemente que los no fumadores deben por fin ser respetados; pone límites a la conducta injusta y desconsiderada, históricamente establecida, que han ejercido con prepotencia los fumadores. Los que hablan de los derechos del fumador, ¿entienden de qué se trata cuando se habla de los derechos del no fumadores, que somos mayoría? Como dijo un amigo español, con claridad total: el fumador molesta, el no fumador no. Y es necesario recordar las cifras, porque no se trata de una mera opción, de un problema de gustos: mueren cuarenta mil personas por año en Argentina como consecuencia del consumo de tabaco, ¡6000 de las cuales son no fumadores! O sea: treinta cromagnones por año de fumadores pasivos que se envenenan por el humo de otros. Por supuesto que cada individuo tiene derecho a matarse como quiera, lo que no puede es imponer su deseo de arrastrar a otros en la caída como una expresión de sus derechos. Lo que resulta irritante en las reacciones de los fumadores es la cortedad mental por la que parecen incapaces de entender que son precisamente ellos los despóticos y que el rol de víctimas no les calza. No llama la atención que una sensibilidad proclive al fanatismo sostenga con soberbia la bandera de los derechos -la política nos acostumbró a eso-, llama la atención lo absurdo de reclamar airadamente para poder seguir ejerciendo un abuso. No es necesario incluir a todos en esta descripción: hay fumadores muy atentos, que odian molestar y que son muy conscientes de la presencia del otro. Pero también es cierto que otros muchos, al denunciar el fantaseado avasallamiento del que son objeto hoy, ponen en evidencia ciertos secretos ligados al hábito del cigarrillo. El cigarrillo no es sólo el generador de gestos cancheros y sobradores (en origen y desde siempre, un modo de parecer más grande o resuelto de lo que se es, el recurso para cultivar una personalidad que parezca lograda sin serlo), sino también y fundamentalmente un sucedáneo adulto del chupete del bebé, un objeto del que muchos se cuelgan para ocultar una inmadurez constitutiva. El hábito del cigarrillo es un rasgo que pertenece al universo infantil de la sensibilidad, agravado por una adicción fisiológica difícil de combatir. Sí, claro que estas figuras de interpretación parecen excesivas, pero la absurda resistencia que los fumadores ejercen frente a la ley parece confirmarlas. La señalada dificultad para pensar el tema con objetividad e inteligencia es expresión de la incapacidad de modificar algunas características fundamentales de su idiosincrasia. No logran captar el problema, justamente porque están haciendo un capricho, berreando ante el límite que la sociedad adulta le pone a la mascarada y la simulación instaladas ya como vínculo adictivo. Tras las voces de fumadores, que tienden a la impostación (es decir, a la ruina), hay una vocecita aniñada y pueril que no quiere aceptar el límite necesario.Porque otro punto a tener en cuenta, y que ha sido descuidado, es que esa reacción tosca de los fumadores amenazados puede provenir del hecho de que la Ley confronta a muchas personas con una dificultad que no pueden superar. Me lo hizo notar mi esposa, que es psicóloga y más buena que yo: al que quiere dejar de fumar y no puede la Ley lo pone entre la espada y la pared, al revelar como problema algo que el fumador intenta defensivamente hacer pasar por una libre elección. Es lógico que reaccionen mal, que reclamen que nadie tiene derecho a limitar sus recursos neuróticos: los demás deben, según ellos, tolerar las molestias (las enfermedades, el mal olor, la suciedad, etc) para ayudarlos a evitar el crecimiento.Fumadores en rebeldía: es hora de aceptar la ley y crecer. Aprovechen la oportunidad para entender que los que no fumamos sí tenemos derecho a defender los espacios públicos, que sí hay una razón y una verdad en este límite que les estamos poniendo, que se terminaron las atmósferas emputecidas por sus miserias ocultas. Sí, claro que miserias tenemos todos y que cada uno puede hacer con ellas lo que guste (hasta perder la vida), lo que no se puede –y es lo más importante de la ley- es joder a los demás por eso.

martes, 3 de marzo de 2009

UNA CANCION




Las canciones para mí son la relevancia de la palabra, la poesía. La música, que es importante desde luego, es el sostén el vehículo de la palabra para mí. No significa que tenga que ser así obligatoriamente con todas las canciones, tal vez sea porque yo escribo poesía y por eso para mí el valor de la palabra es muy especial. La música tiene que tener una coherencia armónica y desde el punto de vista del destino de esa canción: para qué se escribe, para qué se canta, para qué se dice. Tiene que tener una relación íntima con la palabra. No es fácil encontrar canciones así. Tal vez esa manera de pensar las canciones que yo tengo tenga que ver con la elección de Don Atahualpa, que tiene en su cancionero esas condiciones.
Entre las muchas de él que yo conozco y algunas de las que yo canto, hay una que tiene que ver con la raíz profunda del hombre con su tierra. Es una bella canción que está inspirada en un bello poema de Julio Cortázar que oportunamente le escribiera estando los dos en el exilio, fuera del país. En realidad no se lo puede llamar una carta, porque no estaba dirigido así, sino que era un papelito en el que había anotado esto. El poema decía: “Al árbol ya cortado no lo plantes en tierra/ porque su copa seca no atraerá a los pájaros/Al río que discurre no le levantes diques/porque en el aire libre cabalgarán las nubes/Al hombre desterrado no le hables de su casa/la verdadera patria es caro, la está pagando/El río, el hombre, el árbol caro, lo están pagando”. En ese momento Don Atahualpa se encontraba en Japón, ya había tenido que irse de acá por falta de trabajo. Y que conste que fue en esa oportunidad, porque anteriormente sí había tenido que irse por persecuciones políticas. Pero en ese momento se fue porque había pasado un año sin trabajar, lo excluían de todos los elencos sin razón alguna, y él ya estaba en los 60 años y estaba necesitado de su trabajo porque vivía de eso. El dolor era doble entonces, porque no se escuchaban sus canciones.
La canción se llama “El árbol que tú olvidaste” y el árbol es precisamente el símbolo del vínculo profundo del hombre con la tierra y el dolor de haberse tenido que arrancar de ahí. Es toda una metáfora del árbol también: porque el árbol queda, no es arrancado, es la tierra, y el vínculo con la tierra también queda, por eso duele tanto. Porque queda. El vínculo sigue, por eso, insisto, duele tanto.
Esta es la canción que yo amo porque para mí no son preferencias exclusivamente estéticas, desde el punto de vista de que suena lindo, de que se trata de una bella canción, bien hecha, con una modulación melódica y armónica muy hermosa. Todo eso es importante, pero para mí el valor está en la relevancia de la palabra, en la poesía. Es una canción que resulta totalmente conmovedora. Hay una anécdota que da cuenta de hasta dónde llegaba ese dolor. Es una canción que Atahualpa grabó pero que no cantó nunca en público. Y una vez yo tuve el atrevimiento, sin darme cuenta, claro, de cantarla en un momento en el que estábamos despidiéndolo. El se iba a Japón, precisamente; estábamos en la casa de Margarita Palacios, me acuerdo. Yo era mucho más joven que ahora, por eso tal vez cometí el error de cantarla. Y él se puso muy mal, muy mal. Bajó la cabeza, sus ojos se le hincharon. Se quedó sin decir nada. Nunca me dijo nada, pero lo vi, todos lo vimos en ese momento.
Por eso ese dolor sigue estando presente en esa canción. Por eso para mí también cantarla, además de sentirla profundamente, es percibir toda esa carga. Y si la canto, aunque también me deje demasiado conmovida, es para que muchos de los que la escuchan –porque no la canta nadie, creo que soy la única– empiecen a comprender, aunque sea por medio de una canción, el vínculo profundo que nos une a esta amada tierra nuestra. La importancia que tiene poder gozarla aún con sus luchas, con sus desniveles, con sus problemas, estar acá, sentir esta tierra, respirarla, palparla, compensa todos esos otros sufrimientos. Poder comprender el dolor de tener que irse obligado; poder comprenderlo antes de que te suceda.




El árbol que tú olvidaste
(Atahualpa Yupanqui)








El árbol que tú olvidaste

siempre se acuerda de ti,

y le pregunta a la noche

si serás o no feliz.



El arroyo me ha contado

que el árbol suele decir:

quien se aleja junta quejas

en vez de quedarse aquí.



Al que se va por el mundo

suele sucederle así.

Que el corazón va con uno

y uno tiene que sufrir,

y el árbol que tú olvidaste

siempre se acuerda de ti.



Arbolito de mi tierra yo te quisiera decir

que lo que a muchos les pasa

también me ha pasado a mí.


No quiero que me lo digan

pero lo tengo que oír:

quien se aleja junta quejas

en vez de quedarse aquí.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-4732-2008-07-23.html





domingo, 15 de febrero de 2009

Para Feinman (el de la tv)








La ministra Carmen Argibay, encargada en la Corte Suprema de Justicia de los asuntos de infancia, es la voz más autorizada del Poder Judicial sobre el drama de la violencia juvenil. Desde siempre enemiga de bajar la edad de imputabilidad de los menores -"no sirve para nada"-, la semana pasada sorprendió al declarar que los chicos detenidos en institutos pueden ser blancos móviles si se los devuelve a la calle. Fue en respuesta a las críticas que recibió un fallo de la propia Corte, que el martes impidió la liberación de un grupo de chicos de entre 14 y 16 años detenidos en uno de los institutos de la ciudad de Buenos Aires. En una charla con Clarín, Argibay se explica y se enoja con los políticos y con los medios de comunicación, que según cree la han puesto en el centro de "un tema que se ha magnificado". Para empezar, responde a las críticas que cuestionaron a la Corte por haber aceptado como legítima la vieja Ley de minoridad, de 1980, que permite mantener en el encierro a los menores de 16 años.


-El problema es que el Estado tiene una responsabilidad y no se puede anular una ley (la de 1980) sin poner otra en su lugar. Punto dos: el doctor Emilio García Mendez (el que hizo el planteo), que es legislador, tiene que molestar a sus colegas para que cambien la ley. Punto tres: cuando una ley ha sido convalidada por el Congreso, como en este caso, ya no es más una ley de la dictadura, es una ley de la democracia.


Un problema que se plantea es que cada jurisdicción tiene su manual sobre el tema. ¿No hace falta un sistema homogéneo?
Claro que nos gustaría que haya una ley única, como hay un Código Penal único. Así es como debe ser. El sistema penal con respecto a los menores debería ser aplicable exactamente igual en todas las provincias.

¿Que ley que le gustaría?
Yo tengo ideas, pero no soy legisladora. Y formo parte de un tribunal colegiado. Además, nosotros estamos acostumbrados a no trabajar en abstracto. Trabajamos en casos concretos, sobre leyes concretas. Nuestra misión es examinar lo que hacen los legisladores y el Poder Ejecutivo. Esa es nuestra tarea.

¿Ustedes conocen la realidad de los institutos de menores?
Yo conozco la realidad de los institutos. Fui secretaria de un Juzgado de menores, fui secretaria de un Juzgado de Sentencia, Tutelar de menores. He recorrido todos los institutos. Incluso después, siendo juez de la Cámara del Crimen. Ha sido hace muchos años, pero sigo en contacto con los que trabajan en el tema y no dejan de contarme. Yo sé lo que pasa. Sabemos que a los Institutos de menores hay que mejorarlos, cambiarlos, hacerlos de nuevo. Pero lo que pasa es que cuando no se puede cortar la cinta y tener la foto, nadie hace nada. Arreglar un Instituto no da rédito político.


En muchos casos los encierran en calabozos...
Es terrible, son como presos. Pero dónde los ponemos. Eso es lo que yo quiero, una ley penal juvenil o llámenla Susanita, como quieran. Quiero una ley que resuelva qué se hace cuando entran en conflicto con la ley penal los menores hasta los 18 años, que son niños de acuerdo a la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Tenemos la imputabilidad fijada en 16 años para arriba, entonces de 16 a 18 van a tener que tener un régimen especial, y de 16 para abajo otro distinto. Yo no sé cuál es el régimen ideal o el Instituto ideal. Y quisiera que no tuviéramos chicos en conflicto con la ley penal, pero para eso tendríamos que tener un sistema de prevención de los organismos del Estado. Que empieza por la educación, por la alimentación, por darles un hogar como la gente, darles una atención como la gente. Cómo puede una criatura aprender a querer algo, si a él no lo quieren. Si uno se pone delante de un bebé y juega y le sonríe y le habla y lo atiende, ese bebe está estimulado y va a aprender. Si uno lo tiene sentado en la silla y lo único que el chico ve es una cara adusta que le mete la cuchara con el alimento y le limpia la boca así nomás y no le contesta las sonrisas o el llanto, no va a tener la misma formación y las mismas posibilidades. Desde chiquititos hay que atenderlos. Y eso es deber del Estado.


¿Eso es deber del Estado?
Está en la Convención de los Derechos del Niño y en la Constitución. Hay que hacer planes de inclusión social para los padres, darles vivienda, trabajo, educación, sistemas de salud, para que los niños no tengan el día de mañana problemas con la ley penal.


La reinserción es responsabilidad del Estado y tampoco se cumple.
Ese es el problema. Cuando nosotros decimos que la ley se tiene que cumplir, nos acusan de meternos a gobernar. Nosotros no queremos gobernar, lo que hacemos es decir que el Poder Ejecutivo tiene que cumplir con lo que se comprometió a cumplir. Si no, que no se comprometa.


Y si no, tampoco puede exigir...
No puede exigir, evidentemente. Le voy a contar una historia. Cuando se firmaron en Naciones Unidas los Pactos Internacionales, en los años cincuenta, se tuvieron que firmar dos pactos diferentes, uno sobre derechos civiles y otro sobre derechos sociales. Los países occidentales se comprometieron a cumplir el Pacto de los derechos civiles: libertad de expresión, libertad para elegir, perfecto. Pero el otro pacto, el social, ese dijeron que no, no podemos hacerlo, dar trabajo o casa depende del libre mercado. El otro lado del mundo hizo al revés. Dijeron nosotros le vamos a dar la casa a todos y trabajo. Pero los comunistas no firmaron el pacto de los derechos civiles. Ahí era el partido el que decidía. Por esa razón, los dos Pactos salieron por separado: por un lado los derechos civiles y por otro los sociales. Pero nosotros, Argentina, firmamos los dos Pactos. Y están en la Constitución. Entonces: si no vamos a cumplirlos, ¿para qué los firmamos?


¿Cómo ve a la sociedad parada frente a esto? ¿Por qué habló de una sociedad esquizofrénica?
Porque tenemos una sociedad que es esquizofrénica. La sociedad está queriendo cada vez más matar a todo el mundo, en vez de incluir. Y el periodismo está fomentando todo esto.


¿Se refiere a la cobertura del crimen del ingeniero Barrenechea?
Ese es uno de los temas que más me tiene precoupada. Veamos ese caso. ¿Cuántos eran? Parece que eran cien mil. ¿Todos estaban metidos? Que Brian, que Kitu, que el otro. yo ya perdí la cuenta, ya llevo como cinco o seis detenidos. Tengo la sensación de que hay alguno de más. Punto dos: a Kitu ¿quién lo encuentra? Sus vecinos. La policía no lo encuentra. Y sus vecinos lo entregan. ¿Qué pasa?


¿Pregunta para quién trabaja?
¿Para quién trabaja este pibe? Si la policía no lo encuentra, es porque lo está protegiendo. Y si lo está protegiendo, es por algo. Dos más dos son cuatro. Todavía no han logrado convencerme que son tres. Si la policía lo protege y el pibe sale a robar y no se hace rico, para quién trabaja. Los cafishios de los pibes son los que lo mandan a robar. Y los explotan porque saben que son menores y aún con esta espantosa ley, los menores tienen ciertas ventajas.


Usted culpa al periodismo, pero los medios muchas veces se hacen eco de lo que dicen los funcionarios. El ministro Carlos Stornelli (de Seguridad bonaerense) se refirió a uno de los sospechosos del crimen de Barrenecha como un "peligrosísimo delincuente"
Sí, es un lenguaje absolutamente inadecuado y me extraña que lo use el ministro Stornelli, que es un hombre que proviene del Poder Judicial. Porque nosotros llamamos delincuente a una persona que ha sido condenada. No por los medios, sino en un juicio.


¿Cree que hay mucha condena en los medios?
Hay muchísima condena en los medios. Es terrible. Y además fogonean. Y entonces la gente dice porque yo lo vi en los diarios, porque yo lo vi en televisión...


Quizás esa "condena" responda a la poca condena que hay en la Justicia. ¿No hace un poco de autocrítica?
Nosotros en el fallo (del martes pasado) hemos dicho: al Poder Ejecutivo que se ocupe de los institutos, a los legisladores que legislen y a los jueces de menores que controlen.


Pero los jueces no van a las cárceles...
Los jueces de menores van y los defensores de menores van mucho y se preocupan. ¡Y cómo! Claro que hay algunos que no, pero la mayoría sí se ocupa. La Defensora general ha llamado la atención de algunos. Yo recibo todos los meses infomes de los defensores de menores sobre lo que ven en las cárceles. Pero ojalá pudiéramos hacer las cosas más rápido. Y tener imaginación para poner a estos chicos en una situación de protección, pero que no tengan que estar encerrados. De repente, en una familia hay problema con uno de los chicos, al que los padres no pueden manejar. Pero de repente hay un tío que sí lo puede manejar, por sintonía o por lo que fuera. ¿Por qué no se lo podemos entregar al tío? Eso pasa en cualquier familia. Yo tengo una familia muy larga y de repente uno se siente mejor con uno que con otro. Entonces por qué se lo voy a dar a los padres si no lo pueden manejar y el tío lo quiere y lo puede manejar. Los jueces pueden hacer eso, pero a veces no se animan. Porque está la crítica, que los padres son sagrados, etc.


A qué se refirió cuando la semana pasada dijo que los chicos de los institutos corrían peligro si eran liberados? Habló de gatillo fácil.
¿Acaso no hay gatillo fácil? Todo el mundo lo sabe. Y gatillo fácil es la policía...


¿Infiere que casi todos estos chicos trabajan para la policía?
Yo infiero que casi todos estos pibes están marcados por la policía. Unos trabajan para la policía y los protegerán hasta el día que el pibe abra la boca y ahí lo matan. Hay que sacarlos del barrio, usar algún sistema tipo testigo protegido, cambiarles el nombre..

Pero acordar eso es imposible si los jueces no tienen una buena relación con el Ejecutivo.
Exactamente. Y si el Poder Ejecutivo no tiene un buen programa. Pero la pregunta es: ¿quiere el Ejecutivo tener un buen programa para los chicos que declaran en contra de la policía que depende del Poder Ejecutivo?












sábado, 14 de febrero de 2009

En el dia de los zapatos



"Repaso: la doble llama” es el último capítulo de La llama doble: amor y erotismo, un ensayo sobre el amor o, lo que está íntimamente relacionado, sobre la condición humana. Con una prosa que por exquisita no deja de ser clara, Paz nos lleva por el mundo íntimo, entre carnes, y aún antes de la carne, un viaje por las variadas maneras de entender el amor, la vida y la muerte. Este ensayo, notable y enriquecedor, no tiene nada de banal, y si bien no completa el tema —no podría hacerlo— abre caminos increíbles.
La comunicación, el deseo del cuerpo amado, el amor carnal y el platónico, la tradición judeo-cristiana, las ideas de Platón, el tantrismo (en sus versiones hindú y budista), la desaparición del otro y el yo subsumido en el otro, son algunos de los temas tratados por Octavio Paz en La llama doble: amor y erotismo.






Del libro La llama doble




Todos los días oímos esta frase: nuestro siglo es el siglo de la comunicación. Es un lugar común que, como todos, encierra un equívoco. Los medios modernos de transmisión de las noticias son prodigiosos; lo son mucho menos las formas en que usamos esos medios y la índole de las noticias e informaciones que se transmiten en ellos. Los medios muchas veces manipulan la información y, además, nos inundan con trivialidades. Pero aun sin esos defectos toda comunicación, incluso la directa y sin intermediarios, es equívoca. El diálogo, que es la forma más alta de comunicación que conocemos, siempre es un afrontamiento de alteridades irreductibles. Su carácter contradictorio consiste en que es un intercambio de informaciones concretas y singulares para el que las recibe. Digo verde y aludo a una sensación particular, única e inseparable de un instante, un lugar y un estado psíquico y físico: la luz cayendo sobre la yedra verde esta tarde un poco fría de primavera. Mi interlocutor escucha una serie de sonidos, percibe una situación y vislumbra la idea de verde. ¿Hay posibilidades de comunicación concreta? Sí, aunque el equívoco nunca desaparece del todo. Somos hombres, no ángeles. Los sentidos nos comunican con el mundo y, simultáneamente, nos encierran en nosotros mismos: las sensaciones son subjetivas e indecibles. El pensamiento y el lenguaje son puentes pero, precisamente por serlo, no suprimen la distancia entre nosotros y la realidad exterior. Con esta salvedad, puede decirse que la poesía, la fiesta y el amor son formas de comunicación concreta, es decir, de comunión. Nueva dificultad: la comunión es indecible y, en cierto modo, excluye la comunicación: no es un intercambio de noticias sino una fusión. En el caso de la poesía, la comunión comienza en una zona de silencio, precisamente cuando termina el poema. Podría definirse al poema como un organismo verbal productor de silencios. En la fiesta —pienso, ante todo, en los ritos y en otras ceremonias religiosas— la fusión se opera en sentido contrario: no el regreso al silencio, refugio de la subjetividad, sino entrada en el gran todo colectivo: el yo se vuelve un nosotros. En el amor, la contradicción entre comunicación y comunión es aún más patente.
El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos ve por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones. A medida que la sensación se hace más intensa, el cuerpo que abrazamos se hace más y más inmenso. Sensación de infinitud: perdemos cuerpo en ese cuerpo. El abrazo carnal es el apogeo del cuerpo y la pérdida del cuerpo. También es la experiencia de la pérdida de la identidad: dispersión de las formas en mil sensaciones y visiones, caída en una substancia oceánica, evaporación de la esencia. No hay forma ni presencia: hay la ola que nos mece, la cabalgata por las llanuras de la noche. Experiencia circular: se inicia por la abolición del cuerpo de la pareja, convertido en una substancia infinita que palpita, se expande, se contrae y nos encierra en las aguas primordiales; un instante después, la substancia se desvanece, el cuerpo vuelve a ser cuerpo y reaparece la presencia. Sólo podemos percibir a la mujer amada como forma que esconde una alteridad irreductible o como substancia que se anula y nos anula.
La condenación del amor carnal como un pecado contra el espíritu no es cristiana sino platónica. Para Platón la forma es la idea, la esencia. El cuerpo es una presencia en el sentido real de la palabra: la manifestación sensible de la esencia. Es el trasunto, la copia de un arquetipo divino: la idea eterna. Por esto, en el Fedro y en El Banquete, el amor más alto es la contemplación del cuerpo hermoso: contemplación arrobada de la forma que es esencia. El abrazo carnal entraña una degradación de la forma en substancia y de la idea en sensación. Por esto también Eros es invisible; no es una presencia: es la obscuridad palpitante que rodea a Psiquis y la arrastra en una caída sin fin. El enamorado ve la presencia bañada por la luz de la idea; quiere asirla pero cae en la tiniebla de un cuerpo que se dispersa en fragmentos. La presencia reniega de su forma, regresa a la substancia original para, al fin, anularse. Anulación de la presencia, disolución de la forma: pecado contra la esencia. Todo pecado atrae un castigo: vueltos del arrebato, nos encontramos de nuevo frente a un cuerpo y un alma otra vez extraños. Entonces surge la pregunta ritual: ¿en qué piensas? Y la respuesta: en nada. Palabras que se repiten en interminables galerías de ecos.
No es extraño que Platón haya condenado al amor físico. Sin embargo, no condenó a la reproducción. En El Banquete llama divino al deseo de procrear: es ansia de inmortalidad. Cierto, los hijos del alma, las ideas, son mejores que los hijos de la carne; sin embargo, en Las leyes exalta a la reproducción corporal. La razón: es un deber político engendrar ciudadanos y mujeres que sean capaces de asegurar la continuidad de la vida en la ciudad. Aparte de esta consideración ética y política, Platón percibió claramente la vertiente pánica del amor, su conexión con el mundo de la sexualidad animal y quiso romperla. Fue coherente consigo mismo y con su visión del mundo de las ideas incorruptibles, pero hay una contradicción insalvable en la concepción platónica del erotismo: sin el cuerpo y el deseo que enciende en el amante, no hay ascensión hacia los arquetipos. Para contemplar las formas eternas y participar en la esencia, hay que pasar por el cuerpo. No hay otro camino. En esto el platonismo es el opuesto a la visión cristiana: el Eros platónico busca la desencarnación mientras que el misticismo cristiano es sobre todo un amor de encarnación, a ejemplo de Cristo, que se hizo carne para salvarnos. A pesar de esta diferencia, ambos coinciden en su voluntad de romper con este mundo y subir al todo . El platónico por la escala de la contemplación, el cristiano por el amor a una divinidad que, misterio inefable, ha encarnado en un cuerpo.
Unidos en su negación de este mundo, el platonismo y el cristianismo vuelven a separarse en otro punto fundamental. En la contemplación platónica hay participación, no reciprocidad: las formas eternas no aman al hombre; en cambio, el Dios cristiano padece por los hombres, el Creador está enamorado de sus criaturas. Al amar a Dios, dicen los teólogos y los místicos, le devolvemos, pobremente, el inmenso amor que nos tiene. El amor humano, tal como lo conocemos y vivimos en Occidente desde la época del «amor cortés», nació de la confluencia entre el platonismo y el cristianismo y, asimismo, de sus oposiciones. El amor humano, es decir, el verdadero amor, no niega al cuerpo ni al mundo. Tampoco aspira a otro ni se ve como un tránsito hacia una eternidad más allá del cambio y del tiempo. El amor es amor no a este mundo sino de este mundo; está atado a la tierra por la fuerza de gravedad del cuerpo, que es placer y muerte. Sin alma —o como quiera llamarse a ese soplo que hace de cada hombre y de cada mujer una persona— no hay amor pero tampoco lo hay sin cuerpo. Por el cuerpo, el amor es erotismo y así se comunica con las fuerzas más vastas y ocultas de la vida. Ambos, el amor y el erotismo —llama doble— se alimentan del fuego original: la sexualidad. Amor y erotismo regresan siempre a la fuente primordial, a Pan y a su alarido que hace temblar la selva.
El reverso del Eros platónico es el tantrismo, en sus dos grandes ramas: la hindú y la budista. Para el adepto de Tantra, el cuerpo no manifiesta la esencia: es un camino de iniciación. Más allá no está la esencia, que para Platón es un objeto de contemplación y de participación; al final de la experiencia erótica el adepto llega, si es budista, a la vacuidad, un estado en que la nada y el ser son idénticos; si es hindú, a un estado semejante pero en el que el elemento determinante no es la nada sino el ser —un ser siempre idéntico a él mismo, más allá del cambio. Doble paradoja: para el budista, la nada está llena; para el hinduista, el ser esta vacío. El rito central del tantrismo es la copulación. Poseer un cuerpo y recorrer en él y con él todas las etapas del abrazo erótico, sin excluir a ninguno de sus extravíos o aberraciones, es repetir ritualmente el proceso cósmico de la creación, la destrucción y la recreación de los mundos. También es una manera de romper ese proceso y detener la rueda del tiempo y de las sucesivas reencarnaciones. El yogui debe evitar la eyaculación y esta práctica obedece a dos propósitos: negar la función reproductiva de la sexualidad y transformar el semen en pensamiento de iluminación. Alquimia erótica: la fusión del yo y del mundo, del pensamiento y la realidad, produce un relámpago: la iluminación, llamarada súbita que literalmente consume al sujeto y al objeto. No queda nada: el yogui se ha disuelto en lo incondicionado. Abolición de las formas. En el tantrismo hay una violencia metafísica ausente en el platonismo: romper el ciclo cósmico para penetrar en lo incondicionado. La cópula ritual es, por una parte, una inmersión en el caos, una vuelta a la fuente original de la vida; por otra, es una práctica ascética, una purificación de los sentidos y de la mente, una desnudez progresiva hasta llegar a la anulación del mundo y del yo. El yogui no debe retroceder ante ninguna caricia pero su goce, cada vez más concentrado, debe transformarse en suprema indiferencia. Curioso paralelo con Sade, que veía en el libertinaje un camino hacia la ataraxia, la insensibilidad de la piedra volcánica.
Las diferencias entre el tantrismo y el platonismo son instructivas. El amante platónico contempla la forma, el cuerpo, sin caer en el abrazo; el yogui alcanza la liberación a través de la cópula. En un caso, la contemplación de la forma es un viaje que conduce a la visión de la esencia y a la participación con ella; en el otro, la cópula ritual exige atravesar la tiniebla erótica y realizar la destrucción de las formas. A pesar de ser un rito acentuadamente carnal, el erotismo tántrico es una experiencia de desencarnación. El platonismo implica una represión y una sublimación: la forma amada es intocable y así se substrae de la agresión sádica. El yogui aspira a la abolición del deseo y de ahí la naturaleza contradictoria de su tentativa: es un erotismo ascético, un placer que se niega a sí mismo. Su experiencia está impregnada de un sadismo no físico sino mental: hay que destruir las formas. En el platonismo, el cuerpo amado es intocable; en el tantrismo el intocable es el espíritu del yogui. Por esto tiene que agotar, durante el abrazo, todas las caricias que proponen los manuales de erotología pero reteniendo la descarga seminal; si lo consigue, alcanza la indiferencia del diamante: impenetrable, luminoso y transparente.
Aunque las diferencias entre el platonismo y el tantrismo son muy hondas —corresponden a dos visiones del mundo y del hombre radicalmente opuestas— hay un punto de unión entre ellos: el otro desaparece. Tanto el cuerpo que contempla el amante platónico como la mujer que acaricia el yogui, son objetos, escalas en una ascensión hacia el cielo puro de las esencias o hacia esa región fuera de los mapas que es lo incondicionado. El fin que ambos persiguen está más allá del otro. Esto es, esencialmente, lo que los separa del amor, tal como ha sido descrito en estas páginas. Es útil repetirlo: el amor no es la búsqueda de la idea o la esencia; tampoco es un camino hacia un estado más allá de la idea y la no-idea, el bien y el mal, el ser y el no-ser. El amor no busca nada más allá de sí mismo, ningún bien, ningún premio; tampoco persigue una finalidad que lo trascienda. Es indiferente a toda trascendencia: principia y acaba en él mismo. Es una atracción por un alma y un cuerpo; no una idea: una persona. Esa persona es única y está dotada de libertad, para poseerla, el amante tiene que ganar su voluntad. Posesión y entrega son actos recíprocos.
Como todas las grandes creaciones del hombre, el amor es doble: es la suprema ventura y la desdicha suprema. Abelardo llamó al relato de su vida: Historia de mis calamidades. Su mayor calamidad fue también su más grande felicidad: haber encontrado a Eloísa y ser amado por ella. Por ella fue hombre: conoció el amor; y por ella dejó de serlo: lo castraron. La historia de Abelardo es extraña, fuera de lo común; sin embargo, en todos los amores, sin excepción, aparecen esos contrastes, aunque casi siempre menos acusados. Los amantes pasan sin cesar de la exaltación al desánimo, de la tristeza a la alegría, de la cólera a la ternura, de la desesperación a la sensualidad. Al contrario del libertino, que busca a un tiempo el placer más intenso y la insensibilidad moral más absoluta, el amante está perpetuamente movido por sus contradictorias emociones. El lenguaje popular, en todos los tiempos y lugares, es rico en expresiones que describen la vulnerabilidad del enamorado: el amor es una herida, una llaga. Pero, como dice San Juan de la Cruz, es «una llaga regalada», un «cauterio suave», una «herida deleitosa». Sí, el amor es una flor de sangre. También es un talismán. La vulnerabilidad de los amantes los defiende. Su escudo es su indefensión, están armados de su desnudez. Cruel paradoja: la sensibilidad extrema de los amantes es la otra cara de su indiferencia, no menos extrema, ante todo lo que no sea su amor. El gran peligro que acecha a los amantes, la trampa mortal en que caen muchos, es el egoísmo. El castigo no se hace esperar: los amantes no ven nada ni a nadie que no sea ellos mismos hasta que se petrifican... o se aburren. El egoísmo es un pozo. Para salir al aire libre, hay que mirar más allá de nosotros mismos: allá está el mundo y nos espera.
El amor no nos preserva de los riesgos y desgracias de la existencia. Ningún amor, sin excluir a los más apacibles y felices, escapa a los desastres y desventuras del tiempo. El amor, cualquier amor, está hecho de tiempo y ningún amante puede evitar la gran calamidad: la persona amada está sujeta a las afrentas de la edad, la enfermedad y la muerte. Como un remedio contra el tiempo y la seducción del amor, los budistas concibieron un ejercicio de meditación que consistía en imaginar al cuerpo de la mujer como un saco de inmundicias. Los monjes cristianos también practicaron estos ejercicios de denigración de la vida. El remedio fue vano y provocó la venganza del cuerpo y de la imaginación exasperada: las tentaciones a un tiempo terribles y lascivas de los anacoretas. Sus visiones, aunque sombras hechas de aire, fantasmas que la luz disipa, no son quimeras: son realidades que viven en el subsuelo psíquico y que la abstención alimenta y fortifica. Transformadas en monstruos por la imaginación, el deseo las desata. Cada una de las criaturas que pueblan el infierno de San Antonio es un emblema de una pasión reprimida. La negación de la vida se resuelve en violencia. La abstención no nos libra del tiempo: lo transforma en agresión psíquica, contra los otros y contra nosotros mismos.
No hay remedio contra el tiempo. O, al menos, no lo conocemos. Pero hay que confiarse a la corriente temporal, hay que vivir. El cuerpo envejece porque es tiempo como todo lo que existe sobre esta tierra. No se me oculta que hemos logrado prolongar la vida y la juventud. Para Balzac la edad crítica de la mujer comenzaba a los treinta años; ahora a los cincuenta. Muchos científicos piensan que en un futuro más o menos próximo será posible evitar los achaques de la vejez. Estas predicciones optimistas contrastan con lo que sabemos y vemos todos los días: la miseria aumenta en más de la mitad del planeta, hay hambrunas e incluso en la antigua Unión Soviética, en los últimos años del régimen comunista, aumentó la tasa de la mortalidad infantil. (Ésta es una de las causas que explican el desplome del imperio soviético). Pero aun si se cumpliesen las previsiones de los optimistas, seguiríamos siendo súbditos del tiempo. Somos tiempo y no podemos substraernos a su dominio. Podemos transfigurarlo, no negarlo ni destruirlo. Esto es lo que han hecho los grandes artistas, los poetas, los filósofos, los científicos y algunos hombres de acción. El amor también es una respuesta: por ser tiempo y estar hecho de tiempo, el amor es, simultáneamente, conciencia de la muerte y tentativa por hacer del instante una eternidad. Todos los amores son desdichados porque todos están hechos de tiempo, todos son el nudo frágil de dos criaturas temporales y que saben que van a morir; en todos los amores, aun en los más trágicos, hay un instante de dicha que no es exagerado llamar sobrehumana: es una victoria contra el tiempo, un vislumbrar el otro lado, ese allá que es un aquí, en donde nada cambia y todo lo que es realmente es.
La juventud es el tiempo del amor. Sin embargo, hay jóvenes viejos incapaces de amor, no por impotencia sexual sino por sequedad de alma; también hay viejos jóvenes enamorados: unos son ridículos, otros patéticos y otros más sublimes. Pero ¿podemos amar a un cuerpo envejecido o desfigurado por la enfermedad? Es muy difícil, aunque no enteramente imposible. Recuérdese que el erotismo es singular y no desdeña ninguna anomalía. ¿No hay monstruos hermosos? Además, es claro que podemos seguir amando a una persona, a pesar de la erosión de la costumbre y la vida cotidiana o de los estragos de la vejez y la enfermedad. En esos casos, la atracción física cesa y el amor se transforma. En general se convierte no en piedad sino en com-pasión, en el sentido de compartir y participar en el sufrimiento de otro. Ya viejo, Unamuno decía: no siento nada cuando rozo las piernas de mi mujer pero me duelen las mías si a ella le duelen las suyas. La palabra pasión significa sufrimiento y, por extensión, designa también al sentimiento amoroso. El amor es sufrimiento, padecimiento, porque es carencia y deseo de posesión de aquello que deseamos y no tenemos; a su vez, es dicha porque es posesión, aunque instantánea y siempre precaria. El Diccionario de Autoridades registra otra palabra hoy en desuso pero empleada por Petrarca: comphatía. Deberíamos reintroducirla en la lengua pues expresa con fuerza este sentimiento de amor transfigurado por la vejez o la enfermedad del ser amado.
Según la tradición, el amor es un compuesto indefinible de alma y cuerpo; entre ellos, a la manera de un abanico, se despliegan una serie de sentimientos y emociones que van de la sexualidad más directa a la veneración, de la ternura al erotismo. Muchos de esos sentimientos son negativos: en el amor hay rivalidad, despecho, miedo, celos y finalmente odio. Ya lo dijo Catulo: el odio es indistinguible del amor. Esos afectos y esos resentimientos, simpatías y antipatías, se mezclan en todas las relaciones amorosas y componen un licor único, distinto en cada caso y que cambia de coloración, aroma y sabor según cambian el tiempo, las circunstancias y los humores. Es un filtro más poderoso que el de Tristán e Isolda. Da vida y muerte: todo depende de los amantes. Puede transformarse en pasión, aborrecimiento, ternura y obsesión. A cierta edad, puede convertirse en comphatía. ¿Cómo definir a este sentimiento? No es un afecto de la cabeza ni del sexo sino del corazón. En el fruto último del amor, cuando se ha vencido a la costumbre, al tedio y a esa tentación insidiosa que nos hace odiar todo aquello que hemos amado.
El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo, estira los minutos y los alarga como siglos. El tiempo, que es medida isócrona, se vuelve discontinuo e inconmensurable. Pero después de cada uno de esos instantes sin medida, volvemos al tiempo y a su horario: no podemos escapar de la sucesión. El amor comienza con la mirada: miramos a la persona que queremos y ella nos mira. ¿Qué vemos? Todo y nada. No por mucho tiempo; al cabo de un momento, desviamos los ojos. De otro modo, ya lo dije, nos petrificaríamos. En uno de sus poemas más complejos, Donne se refiere a esta situación. Arrobados, los amantes se miran interminablemente:






wee, like sepulchrallstatues lay;



All day, the same our postures were,



And wee said nothing, all the day.




Si se prolongase esta inmóvil beatitud, pereceríamos. Debemos volver a nuestros cuerpos, la vida nos reclama:




Love mysteries in soules doe grow,



But yet the body is his booke.






Tenemos que mirar, juntos, al mundo que nos rodea. Tenemos que ir más allá, al encuentro de lo desconocido.
Si el amor es tiempo, no puede ser eterno. Está condenado a extinguirse o a transformarse en otro sentimiento. La historia de Filemón y Baucis, contada por Ovidio en el libro VIII de Las metamorfosis , es un ejemplo encantador. Júpiter y Mercurio recorren Frigia pero no encuentran hospitalidad en ninguna de las casas adonde piden albergue, hasta que llegan a la choza del viejo, pobre y piadoso Filemón y de su anciana esposa, Baucis. La pareja los acoge con generosidad, les ofrece un lecho rústico de algas y una cena frugal, rociada con un vino nuevo que beben en vasos de madera. Poco a poco los viejos descubren la naturaleza divina de sus huéspedes y se prosternan ante ellos. Los dioses revelan su identidad y ordenan a la pareja que suba con ellos a la colina. Entonces, con un signo, hacen que las aguas cubran la tierra de los frigios impíos y convierten en pantano sus casas y sus campos. Desde lo alto, Baucis y Filemón ven con miedo y lástima la destrucción de sus vecinos; después, maravillados, presencian como su choza se transforma en un templo de mármol y techo dorado. Entonces Júpiter les pide que digan su deseo. Filemón cruza unas cuantas palabras con Baucis y ruega a los dioses que los dejen ser, mientras duren sus vidas, guardianes y sacerdotes del santuario. Y añade: puesto que hemos vivido juntos desde nuestra juventud, queremos morir unidos y a la misma hora: «que yo no vea la pira de Baucis ni que ella me sepulte». Y así fue: muchos años guardaron el templo hasta que, gastados por el tiempo, Baucis vio a Filemón cubrirse de follajes y Filemón vio cómo el follaje cubría a Baucis. Juntos dijeron: «Adiós esposo» y la corteza ocultó sus bocas. Filemón y Baucis se convirtieron en dos árboles: una encina y un tilo. No vencieron al tiempo, se abandonaron a su curso y así lo transformaron y se transformaron.
Filemón y Baucis no pidieron la inmortalidad ni quisieron ir más allá de la condición humana: la aceptaron, se sometieron al tiempo. La prodigiosa metamorfosis con la que los dioses —el tiempo— los premiaron, fue un regreso: volvieron a la naturaleza para compartir con ella, y en ella, las sucesivas transformaciones de todo lo vivo. Así, su historia nos ofrece a nosotros, en este fin de siglo, otra lección. La creencia en la metamorfosis se fundó, en la Antigüedad, en la continua comunicación entre los tres mundos: el sobrenatural, el humano y el de la naturaleza. Ríos, árboles, colinas, bosques, mares, todo estaba animado, todo se comunicaba y todo se transformaba al comunicarse. El cristianismo desacralizó a la naturaleza y trazó una línea divisoria e infranqueable entre el mundo natural y el humano. Huyeron las ninfas, las náyades, los sátiros y los tritones o se convirtieron en ángeles o en demonios. La Edad Moderna acentuó el divorcio: en un extremo, la naturaleza y, en el otro, la cultura. Hoy, al finalizar la modernidad, redescubrimos que somos parte de la naturaleza. La tierra es un sistema de relaciones o, como decían los estoicos, una «cons-piración de elementos», todos movidos por la simpatía universal. Nosotros somos partes, piezas vivas en ese sistema. La idea del parentesco de los hombres con el universo aparece en el origen de la concepción del amor. Es una creencia que comienza con los primeros poetas, baña a la poesía romántica y llega hasta nosotros. La semejanza, el parentesco entre la montaña y la mujer o entre el árbol y el hombre, son ejes del sentimiento amoroso. El amor puede ser ahora, como lo fue en el pasado, una vía de reconciliación con la naturaleza. No podemos cambiarnos en fuentes o encinas, en pájaros o en toros, pero podemos reconocernos en ellos.
No menos triste que ver envejecer y morir a la persona que amamos, es descubrir que nos engaña o que ha dejado de querernos. Sometido al tiempo, al cambio y a la muerte, el amor es víctima también de la costumbre y del cansancio. La convivencia diaria, si los enamorados carecen de imaginación, puede acabar con el amor más intenso. Poco podemos contra los infortunios que reserva el tiempo a cada hombre y a cada mujer. La vida es un continuo riesgo, vivir es exponerse. La abstención del ermitaño se resuelve en delirio solitario, la fuga de los amantes en muerte cruel. Otras pasiones pueden seducirnos y arrebatarnos. Unas superiores, como el amor a Dios, al saber o a una causa; otras bajas, como el amor al dinero o al poder. En ninguno de esos casos desaparece el riesgo inherente a la vida: el místico puede descubrir que corría detrás de una quimera, el saber no defiende al sabio de la decepción que es todo saber, el poder no salva al político de la traición del amigo. La gloria es una cifra equivocada con frecuencia y el olvido es más fuerte que todas las reputaciones. Las desdichas del amor son las desdichas de la vida.
A pesar de todos los males y todas las desgracias, siempre buscamos querer y ser queridos. El amor es lo más cercano, en esta tierra, a la beatitud de los bienaventurados. Las imágenes de la edad de oro y del paraíso terrenal se confunden con las del amor correspondido: la pareja en el seno de una naturaleza reconciliada. A través de más de dos milenios, lo mismo en Occidente que en Oriente, la imaginación ha creado parejas ideales de amantes que son la cristalización de nuestros deseos, sueños, temores y obsesiones. Casi siempre esas parejas son jóvenes: Dafnis y Cloe, Calixto y Melibea, Bao-yu y Dai-yu. Una de las excepciones es, precisamente, la de Filemón y Baucis. Emblemas del amor, esas parejas conocen una dicha sobrehumana pero también un final trágico. La Antigüedad vio en el amor un desvarío e incluso el mismo Ovidio, gran cantor de los amoríos fáciles, dedicó un libro entero, las Heroidas , a las desventuras del amor: separación, ausencia, engaño. Se trata de veintiuna epístolas de mujeres célebres a los amantes y esposos que las han abandonado, todos ellos héroes legendarios. Sin embargo, para la Antigüedad el arquetipo fue juvenil y dichoso: Dafnis y Cloe, Eros y Psiquis. En cambio, la Edad Media se inclina decididamente por el modelo trágico. El poema de Tristán comienza así: «Señores, ¿les agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte? Se trata de la historia de Tristán y de Isolda, la reina. Escuchad cómo, entre grandes alegrías y penas, se amaron y murieron el mismo día, él por ella y ella por él...» Desde el Renacimiento, nuestro arquetipo también es trágico: Calixto y Melibea, pero, sobre todo y ante todo, Romeo y Julieta. Esta última es la más triste de todas esas historias, pues los dos mueren inocentes y víctimas no del destino sino de la casualidad. Con Shakespeare el accidente destrona al Destino antiguo y a la Providencia cristiana.
Hay una pareja que abarca a todas las parejas, de los viejos Filemón y Baucis a los adolescentes Romeo y Julieta; su figura y su historia son las de la condición humana en todos los tiempos y lugares: Adán y Eva. Son la pareja primordial, la que contiene a todas. Aunque es un mito judeo-cristiano, tiene equivalentes o paralelos en los relatos de otras religiones. Adán y Eva son el comienzo y el fin de cada pareja. Viven en el paraíso, un lugar que no está más allá del tiempo sino en su principio. El paraíso es lo que está antes; la historia es la degradación del tiempo primordial, la caída del eterno ahora en la sucesión. Antes de la historia, en el paraíso, la naturaleza era inocente y cada criatura vivía en armonía con las otras, con ella misma y con el todo. El pecado de Adán y Eva los arroja al tiempo sucesivo: al cambio, al accidente, al trabajo y a la muerte. La naturaleza, corrompida, se divide y comienza la enemistad entre las criaturas, la carnicería universal: todos contra todos. Adán y Eva recorren este mundo duro y hostil, lo pueblan con sus actos y sus sueños, lo humedecen con su llanto y con el sudor de su cuerpo. Conocen la gloria del hacer y del procrear, el trabajo que gasta el cuerpo, los años que nublan la vista y el espíritu, el horror del hijo que muere y del hijo que mata, comen el pan de la pena y beben el agua de la dicha. El tiempo los habita y el tiempo los deshabita. Cada pareja de amantes revive su historia, cada pareja sufre la nostalgia del paraíso, cada pareja tiene conciencia de la muerte y vive un continuo cuerpo a cuerpo con el tiempo sin cuerpo... Reinventar el amor es reinventar a la pareja original, a los desterrados del Edén, creadores de este mundo y de la historia.
El amor no vence a la muerte: es una apuesta contra el tiempo y sus accidentes. Por el amor vislumbramos, en esta vida, a la otra vida. No a la vida eterna sino, como he tratado de decirlo en algunos poemas, a la vivacidad pura. En un pasaje célebre, al hablar de la experiencia religiosa, Freud se refiere al «sentimiento oceánico», ese sentirse envuelto y mecido por la totalidad de la existencia. Es la dimensión pánica de los antiguos, el furor sagrado, el entusiasmo: recuperación de la totalidad y descubrimiento del yo como totalidad dentro del Gran Todo. Al nacer, fuimos arrancados de la totalidad; en el amor todos nos hemos sentido regresar a la totalidad original. Por esto, las imágenes poéticas transforman a la persona amada en naturaleza —montaña, agua, nube, estrella, selva, mar, ola— y, a su vez, la naturaleza habla como si fuese mujer. Reconciliación con la totalidad que es el mundo. También con los tres tiempos. El amor no es la eternidad; tampoco es el tiempo de los calendarios y los relojes, el tiempo sucesivo. El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante. No nos libra de la muerte pero nos hace verla a la cara. Ese instante es el reverso y el complemento del «sentimiento oceánico». No es el regreso a las aguas de origen sino la conquista de un estado que nos reconcilia con el exilio del paraíso. Somos el teatro del abrazo de los opuestos y de su disolución, resueltos en una sola nota que no es de afirmación ni de negación sino de aceptación. ¿Qué ve la pareja, en el espacio de un parpadeo? La identidad de la aparición y la desaparición, la verdad del cuerpo y del no-cuerpo, la visión de la presencia que se disuelve en un esplendor: vivacidad pura, latido del tiempo.
México, 1 de mayo de 1993

jueves, 5 de febrero de 2009

Encuentro de grandes



Uno de los mas interesantes escritores actuales......... junto a Neil Gaiman

lunes, 2 de febrero de 2009

A quien le quepa el saco

Siempre me gustó cierta rebelión que enfile contra el sentido común que dice que pobres hubo siempre, que los ricos pueden gobernar mejor porque no necesitan robar, que alguien que traiciona una alianza puede ser un héroe mediático primero y un tipo que suba en las encuestas después, aunque no se sepa cómo piensa gobernar ya que perteneció a un partido del que se fue, pasándose con armas y bagajes al opositor, partido que ahora quiere que el tipo vuelva pero mejor no, porque tienen miedo de que vuelva a pasarse a otro también con armas y bagajes. Como me gusta ir contra la corriente de las encuestas no puedo dejar de pensar lo siguiente: supongamos que un maestro tiene un grupo de alumnos que lo hostiga, que le pide que no enseñe y se la pase haciendo chistes. Duda si debe atender el reclamo. Pero los alumnos lo amenazan, le dicen que si no hace lo que ellos piden le incendiarán el colegio. El maestro teme. Piensa en su mujer y sus hijas que están en su hogar esperándolo con una buena milanesa a la napolitana. Vacila, llama a todos los canales de televisión para dejar constancia de que suda la camiseta. La directora le pide que no renuncie a imponer pautas a los alumnos, que los discipline en la solidaridad con otros alumnos, que no pueden ver incendiada como a Cartago la escuelita a la que van. La mitad del colegio le pide pista; la otra mitad le dice, con la directora, que no traicione sus alianzas morales con la buena educación. Cede ante el chantaje. Se transforma en el más popular de los maestros por parte de los alumnos. Va a todos los campeonatos donde lo aplauden, lo saludan,
usa el salón de actos para hacer anuncios: es mejor doblarse que romperse, explica. Luego, lo proponen como director. Pero ya es tarde: hace rato que los facinerosos coparon el colegio. Corre de todo allí, sobre todo el dolor. Sí: me gusta ir contra la corriente, aunque omita uno que otro nombre propio. Aunque pierda.

María Seoane




http://www.carasycaretas.org/2227/editorial.asp

domingo, 25 de enero de 2009

viernes, 23 de enero de 2009

Caripelas

Felipe Pigna

Director

al cierre de este número de Caras y Caretas estaba comenzando el debate parlamentario que debería poner fin al conflicto que tuvo preocupada y afectada a la Argentina por más de cien días. Más allá del resultado del mismo y las idas y venidas, algunas cosas quedaron a la vista. Una de ellas fue la banalización absoluta del conflicto por gran parte de los medios masivos de comunicación que nos quisieron hacer creer que lo más importante era cuántos inflables zoológicos y cuántas carpas había en el Congreso. No pocos de estos medios fogonearon el conflicto buscando más la discordia que la concordia, actuando no como medios de comunicación y reflexión, sino como correveidiles, tratando de irritar a los fácilmente irritables representantes del “campo” transmitiéndoles las declaraciones de tal o cual funcionario o militante afín al Gobierno para entonces reanudar la noria de los dimes y diretes. Durante estos interminables días se transmitió un mensaje pesimista, de “sin salida” y oportunidad histórica perdida.



Del lado del oficialismo faltó claridad y una convocatoria nítida detrás de un proyecto superador que plantee seriamente una política agropecuaria e impositiva a largo plazo que permita desacreditar que lo que está en juego es la imagen de un gobierno. No se puede seguir actuando en la coyuntura y, camino al Bicentenario, seguimos esperando las grandes políticas de Estado que permitan en los hechos que los más postergados sean la prioridad presupuestaria absoluta y que las ganancias a obtenerse en un momento de alto nivel de actividad económica industrial, con esta coyuntura internacional inmejorable y una recaudación impositiva que sigue siendo récord, sean destinadas con celeridad y transparencia a nuestra salud, nuestra educación, nuestra red ferroviaria y vial, nuestra seguridad social y a impulsar la producción estimulando a los pequeños y
medianos productores industriales y agrarios.



Para la mayoría de los medios hubo tres sectores del llamado “campo” (un colectivo tan amplio como “ciudad”) a los que no valió la pena integrar al debate: los peones rurales, las grandes empresas monopólicas de comercialización de cereales y los pools de siembra. No hubo un solo micrófono, de los tantos que se pusieron en las mismas bocas para decir las mismas cosas todos los días, que permitiera escuchar la voz de los trabajadores agrarios, los peores pagos del país, el sector laboral con mayor porcentaje de trabajadores en negro y uno de los que tiene mayor componente de trabajo infantil. Nadie se acordó de ellos, parece que “el campo” no los incluye, como “la ciudad” no incluye a los más pobres. Tampoco se escuchó a los otrora locuaces dueños de exportadoras de granos y pools de siembra a los que nadie llamó en un extraño caso de “censura” informativa. ¿O será que no querían hablar y hablan sólo cuando quieren?



Por último, y aquí una de las cosas más lamentables a 25 años de la recuperación de la democracia, algunos medios intentaron dar la imagen de caos y de dilación mostrando subjetivamente aspectos de las reuniones de las comisiones parlamentarias, sin dedicarse a explicar los mecanismos y tiempos del Poder Legislativo. Más allá de la opinión que nos merezcan algunos de sus miembros, de los que hemos sido muy críticos desde estas columnas, fundamentalmente por su peligrosa negligencia y por su evidente desconexión con sus votantes, y por tanto mandantes, se trata de uno de los poderes de la democracia y se debería tender a perfeccionarlo y no a sugerir peligrosamente su inutilidad porque no siguen el ritmo de los tiempos mediáticos.



Creemos que se puede y se debe hacer otra cosa. Desde el comienzo del conflicto, Caras y Caretas dedicó sus páginas a esclarecer, a informar sobre las características de nuestra producción agropecuaria, sobre las posibilidades de potenciar esa actividad en beneficio no de un sector sino de todos los argentinos. Por eso este número está centralmente dedicado a un tema clave que campeó –valga la expresión– discursivamente durante estos meses: la distribución de la renta. Creemos que es el gran tema, el que determina las prioridades, el que pone tan nerviosos a los que se brotan apenas escuchan hablar de la palabra “distribución” en todas sus formas. Caras y Caretas mantiene inalterable el compromiso con sus lectores de quedarse voluntariamente al margen de toda histeria mediática y de aportar todo lo que pueda desde sus páginas a la reflexión para concretar un país cada día más justo y solidario.


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María Seoane

Asesora Periodística
y Comercial

se ponen unas carpas kirchneristas en el Congreso y no se pide permiso. Macri tuvo razón en protestar. Pero su gobierno usa los colores de su partido –el amarillo– para hacer campaña política con fondos públicos –es decir dinero de todos los porteños– de lo que se hace en su gestión. A eso lo bautizó “H” (de haciendo), una denominación por lo menos desafortunada ya que la hache es la única letra muda del abecedario. Muda y también sorda, como todo el mundo sabe. Todo el tiempo parece que la ley es letra muerta para todos. En uno de sus almuerzos a Mirtha Legrand, que personifica el lugar que el extinto Bernardo Neustadt diseñó para su vecina más famosa, le pareció de mal gusto tanto carperío frente al Parlamento: pedía no sin intemperancia que se desarmaran sí o sí. El tic de los viejos tiempos está en todos: en los que de prepo montan una carpa, en los que usan dineros públicos para hacer propaganda con los colores de su partido, en las patotas ruralistas que cada tanto aprietan a gobernadores kirchneristas, en las amenazas al cantante Ignacio Copani por escribir y cantar la balada Cacerolas de teflón. Me pregunto una y otra vez qué es lo que se juega a partir del conflicto por las retenciones para que se hayan desatado tantas pasiones, iras y angustias. Me digo que estamos metidos en el núcleo del conflicto más antiguo e histórico tanto en lo político como en lo económico de la historia argentina. Ese que se debate entre el capitalismo democrático e inclusivo versus el capitalismo rentista, agrario y de especulación financiera. Un conflicto que estuvo en la base de todas las crisis del siglo XX. Que cuando estalló fue carnicero, derrocó gobiernos y acordonó a otros que no derrocó pero empujó a anticipar la entrega del poder. Ahora, veremos la verdadera prueba de fuego de la democracia que conseguimos en este último cuarto de siglo. Si se respeta aquello que vote el Congreso habremos cruzado el Rubicón. Porque no se es esclavo por someterse a la ley. Se es esclavo por violarla. Y algún día deberemos aprender que de esa violación sólo nacen monstruos.